No sabía que su suegra era tan velluda, ¡menudo coño!
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Las empalmadas mañaneras traen a este veinteañero por la calle de la amargura, ya que no tiene novia y siempre tiene que aliviarse a base de pajas. Necesita una tía para follar pero ya, y enfadado y dolorido iba pensando en ello cuando se encontró con su madrastra que lo miró preocupada. Algo avergonzado le explicó su problema, y nada lo preparó para reacción de la zorra madura, que se encargó ella misma de su problema. Ver a su madre postiza acariciar su polla dura y después chuparla con entusiasmo casi lo hace correrse al momento; pero la muy guarra quería un polvo antes de que a él se le ocurriera soltar una gota de semen.